Crónica 11 (Vigilia Pascual)

Llegó el último día. Estoy en la playa de Huina. Si Eva estuviera aquí esto sería el paraíso. La playa es increíblemente quieta, pareciera que simula una piscina; vegetación exótica por todas partes, hay verdes de todos los colores, centenares de cangrejos corriendo por la tierra negra que deja cada suave ola, no sé si van para adelante o para atrás; cabañas rústicas pintadas de colores vivos que me hacen pensar en el carnaval; gente amable que en su piel llevan tatuadas las marcas del sol que siempre les acompaña; rica comida, que tienen en el coco, el plátano y toda una inmensa variedad de peces sus principales ingredientes.

Fue un viaje corto pero marcado por la belleza del océano Pacifico en su lucha diaria y milenaria con las altas montañas verdes, a las que en dicha lucha ha osado en sacarle pequeñas bahías. En el camino me seguía cuestionando por qué tanta belleza olvidada por el estado.

Al llegar Grabé Caracol. Luego de esto me dediqué a visitar las casas de los habitantes de este bello lugar. Sus saludos, sus abrazos, sus peticiones para que los bendiga, sus historias cargadas de sentimientos nobles me alimentan en mi decisión de servirle y acompañarlos en su fe.  La arena caliente, el sol inclemente y la necesidad de comer algo me hacen volver a la cabaña a la que nos habían invitado. Al llegar, me encuentro con que a Mario una Raya lo había puyado en la planta del pie, los niños lo habían meado y el Señor de la casa lo había curado con lo que él llama “secretos del Chocó”.

En la comida me dirigieron palabras untadas de lágrimas y sentimientos con las que me decían que estaban muy agradecidos por mi visita. Luego del almuerzo, me fui a  ver futbol (al Barcelona) y terminado el partido, decidí nadar un poco; después, de regreso  para Bahía Solano, pero antes de partir me dieron a comer de una de sus frutas: el almirajó. Me gustó pero todavía no descifro a que sabe. Llegamos a Bahía Solano, dos visitas para bendecir dos familias, endulzarme el cuerpo (así llaman a sacarse el agua de mar) y  listo para la Vigilia Pascual.

La celebración de la Vigilia Pascual comenzó a las 9:30pm. La capilla llena pero con menos gente que en el viacrucis ¿por qué cuesta tanto celebrar la victoria sobre la muerte? ¿Acaso la liturgia de la muerte es más atractiva que la de la vida? ¿Por qué nos cuesta identificarnos con el resucitado? El fuego en medio de esa oscuridad gigante anunciaba que está vivo. El agua que moja sus seres y les comunica vida nos hacía presente su triunfo sobre el egoísmo. La palabra expuesta en esas 7 lecturas nos volvía a contar los imposibles que hace Dios por amor a cada uno de nosotros. El Pan nos alimenta y nos vuelve a decir que Dios no nos deja nunca y que en la cruz/muerte está presente en el silencio que nos acoge. Bauticé 10 niños, le di la primera comunión a otro y emocionado celebré con ellos la vida pascual en la realidad del sacramento.

Estoy en el balcón de la casa. El pueblo ahora se niega al silencio y a la tristeza. Hay fiesta. Los vallenatos, de nuevo suenan en todas las direcciones y toda la alegría reprimida desde el viernes hace maromas en la calle. La capilla queda sola y van apagando una por una las luces. Esta semana de misión ha terminado. La vida sigue, y el ministerio presbiteral me llevará a otra parte a seguir diciendo que El Man Está Vivo.

plinero Written by:

Una espacio donde quiero compartir mis experiencias, lo que voy encontrando en el camino. Que el Dueño de la vida, te bendiga. ¡Tú sabes!

One Comment

  1. Walter E Medina
    2 septiembre, 2017
    Reply

    Mis respeto como siempre describiendo su correría al mejor estilo de nuestro premio Nobel Gabriel García Marqués,estoy anonadado por tanta. belleza que describe de esa tierra del olvido, bendiciones

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